lunes, 14 de abril de 2008

Alberti

Hubiérais visto llorar sangre a las yedras cuando el agua más triste se pasó toda una noche velando a un yelmo ya sin alma, a un yelmo moribundo sobre una rosa nacida en el vaho que duerme los espejos de los castillos a esa hora en que los nardos más secos se acuerdan de su vida al ver que las violetas difuntas abandonan sus cajas y los laúdes se ahogan por arrullarse a sí mismos.
Es verdad que los fosos inventaron el sueño y los fantasmas.
Yo no sé lo que mira en las almenas esa inmóvil armadura vacía.
¿Cómo hay luces que decretan tan pronto la agonía de las espadas si piensan en que un lirio es vigilado por hojas que duran mucho más tiempo?
Vivir poco y llorando es el sino de la nieve que equivoca su ruta.

2 comentarios:

Ana Sánchez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ana Sánchez dijo...

Hoy estoy muy triste. Y lo que has escrito me ha puesto aún más triste de lo que ya estaba.

Imaginarme un conjunto de violetas yaciendo inertes en diminutos féretros de madera, simples y toscos, se me antoja hoy más penoso que la mayoría de las miserias de este mundo.
¿Por qué nadie intenta darles un último aliento? ¿Por qué, al menos, nadie quiere disfrutar de su color antes de que, inevitablemente, se marchiten y pierdan el portentoso olor?

Desesperanzadoras y angustiosas pero hermosas, al fin y al cabo, son las palabras que has escrito